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María en la Escritura
 
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Jesús y María en las Sagradas Escrituras

Se dice, a menudo, que  la Escritura habla poco de la Virgen María. ¿Poco? Efectivamente, si uno pesa las escrituras por kilos y saca las cuentas de los versículos. Pero… ¿Es así que Dios quiere que pensemos?

  • En dos palabras, la Escritura nos hace entender que Jesús pasó treinta años con María, sin contar el embarazo, durante el cual llevó en su seno el Verbo hecho carne, ni tampoco los años de la vida pública. (Luc 2,51).
  • En dos frases, El Apocalipsis nos dice que Ella es la verdadera Arca, que se encuentra en el corazón del Antiguo Testamento (Apoc 11, 19).
  • María "bendita entre todas las mujeres" (Luc 1,42), "llena de gracia" (Luc 1,28) en quien reposa el Espíritu Santo (Luc 1,35) y  ella misma dirá: "todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Luc 1,48).
  • Todo el Antiguo Testamento anuncia a Cristo de una manera velada y profética, y  nos dibuja el rostro de María (Arca de la Alianza, Arca de Noé, Zarzal Ardiente, Tabernáculo del Muy Alto, Templo de Dios, Hija de Sion, Virgen de Isaías, la Bienamada del Cántico, Paraíso de Dios, etc.) también de un manera velada.

Incluso el Espíritu Santo no es muy evocado en la Escritura, pero los pocos pasajes en que se le menciona (por ej. Mat 28,20) deben llevarnos a entender que es igual al Padre y al Hijo y que es Dios en persona. Por lo tanto hay que considerar más allá de las apariencias.

 

Es importante tratar de entender y profundizar con la Iglesia (Act 8,31) el alcance de la Palabra de Dios.  Por ejemplo, Jesús dijo que se debe juzgar al árbol por su fruto y que la bondad del fruto es una medida de la bondad del árbol (Mat 7,20; 12,33; Luc 6,43). Ahora bien, no puede haber fruto más bello que Jesús mismo. Y como Jesús es el fruto bendito (Luc 1,42) del seno de este árbol extraordinario que es María, entonces, solamente mirando ese fruto uno podrá hacerse una idea de la grandeza y de la bondad de la Madre de Dios... Volvamos a la Escritura, ya que como lo resumía Hugues de Saint Victor, retomando palabras de San Alfonso de Ligorio :

"A como es el cordero, es la madre, pues, al árbol se le conoce por su fruto".

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