Las apariciones marianas

Las apariciones marianas en el mundo

No hay que pensar que las apariciones marianas son algo excepcional: María es la madre  próxima que nos dio Cristo y realmente cuida de cada uno de nosotros, aunque no se nos aparezca siempre.

 

Muchos se preguntan por qué Dios casi siempre manda a la Virgen y con mucho menos frecuencia a todos los otros santos del cielo… La respuesta obviamente no es que Dios mismo padezca de esta “mariolatría” que tan a menudo se denuncia en la tierra (aunque sus estragos reales no son evidentes). En realidad hay que encontrar la explicación en el papel indispensable único y magnífico que el Señor le quiso confiar a su Madre en la economía de la salvación.

 

Fue María la que nos dio Cristo y Ella es La que nos conduce a Él. Y lo hace de manera muy activa, particularmente por medio de sus apariciones: los expertos de la 42da semana mariana en Zaragoza en 1986 contaron al menos 21.000 apariciones marianas desde el año 1000, aunque la Iglesia solamente autentificó oficialmente muy pocas.
 
A lo largo del solo siglo XX, se registraron cerca de 400 apariciones marianas (o supuestas como tales), y 200 por el solo periodo de 1944 a 1993.

La mayoría se acompañan de señales y prodigios sorprendentes que son como la firma que Dios da a sus obras para autentificarlas. En siete de ellas, el obispo local reconoció oficialmente el carácter sobrenatural de los hechos:

  • Fátima (1917 – Portugal)
  • Beauraing (1932 – Bélgica)
  • Banneux (1933 – Bélgica)
  • Akita (1973 – Japón)
  • Siracusa (1953 – Italia)
  • Betania (1976 – Venezuela)
  • Kibeho (1981 – Ruanda)

 

Hay que añadir a esta lista:

 

  • Zeitoun (1968 – Egipto)
  • Shoubra (1983 – Egipto)

reconocidas por el pope de la Iglesia copta.

 

En 17 casos, el obispo – independientemente de un juicio acerca del carácter sobrenatural de los hechos – autorizó la expresión de un culto en los lugares de la aparición. 79 de ellas recibieron un juicio negativo o reservado pero en la mayoría de los casos, la Iglesia no siente la necesidad de pronunciarse oficialmente y rápidamente si el culto y las oraciones que se desarrollan alrededor de los acontecimientos permanecen en una práctica sana de la fe.

 

En efecto, lo esencial reside en el acompañamiento pastoral que sigue a las apariciones: debe permitir que la semilla sembrada por la Virgen  se desarrolle plenamente sin ser mezclada con demasiada cizaña, a fin de  producir todos los frutos de las gracias que el Cielo esperaba con su intervención…