San Agustín (354-430)

San Agustín (354-430)

Agustín nació en 354, en Tagasta,  provincia romana de Numidia (hoy Souk-Arhas en Argelia), de madre cristiana y de  padre pagano. Su educación se inclina enteramente hacia el estudio de la fe cristiana.


Originario de África del Norte,  su conversión tiene lugar en  Milán


A los 16 años se marcha a Cartago para perfeccionar sus estudios. Ahí, abandona la religión para consagrarse al estudio de la retórica. No tiene ni siquiera 20 años cuando asume una concubina con la cual tiene un hijo. Desde el 375, enseña la retórica y la elocuencia en Cartago, luego lleva consigo su familia a Roma. Como no encuentra el empleo que esperaba, acepta ir a enseñar a Milán, donde recibe la influencia del elocuente obispo de la ciudad, San Ambrosio. Esto da paso al inicio de su conversión, que manifiesta cuando decide separarse de su amante y de su hijo. Pero en seguida se hace de una nueva mujer. Súbitamente es tocado por la gracia mientras le explicaba en un jardín de Milán, a uno de sus alumnos, la lucha interior que le desgarraba. Entonces, abandona el mundo y se retira a un monasterio.


Vuelve después a África, llega a ser obispo de Hipona en Numidia (Argelia) y funda ahí una de sus primeras comunidades religiosas


En 387, Agustín es bautizado por san Ambrosio y en 388 parte de nuevo para África del Norte, aquí se convierte en el defensor de la ortodoxia cristiana y escribe numerosas cartas y sermones contra los herejes de su tiempo, además de múltiples tratados de filosofía y de metafísica. En 395 es consagrado obispo de Hipona (hoy día Anaba en Argelia), donde pasará el resto de su vida, pues un reglamento eclesiástico prohíbe la mutación de los obispos. Instala en su propia casa una pequeña comunidad fraternal, cuyo ejemplo proviene de la mayor parte de las reglas monásticas. El 24 de agosto del 410 los Godos saquean  Roma.  Agustín se sirve de este episodio para comenzar a explicar la significación del cristianismo en la historia  y el de la historia para el cristianismo « con el objeto de justificar las vías de la Providencia, en lo que concierne a la destrucción de la grandeza romana», que dará lugar a su obra: La Ciudad de Dios. Agustín muere, el 28 de agosto en el 430,  a la edad de 76 años en Hipona, asediada entonces por los Bárbaros.


Filósofo y teólogo, su influencia será preponderante en el pensamiento cristiano occidental


Para Agustín la historia es movimiento, desde el comienzo hasta el fin; considerarla como un proceso cíclico es negar el carácter único de Jesucristo y la promesa del Evangelio. Para él el saber es un medio para encontrar a Dios. El estudio del universo nos conduce a una apreciación mayor de la sabiduría de Dios. Sitúa a la fe por encima de todo: estima incluso que está por encima del conocimiento. El hombre tiene la libertad de escoger entre el bien y el mal, pero para hacer la buena elección necesita de la ayuda divina y de una fe muy fuerte.


La influencia  de San Agustín será preponderante en el pensamiento cristiano occidental. Él es el teórico de la historia del cristianismo, el padre del latín eclesiástico; instrumento único de toda la cultura filosófica de la Edad Media y del Renacimiento. Él sentó las bases de la cultura cristiana y definió los fundamentos de la separación de los poderes espiritual y temporal,  aspecto que no dejará de atormentar a la Iglesia. Suprimió la ambigüedad sobre la gracia, que inspirará a los reformadores del siglo XVI, Calvino y Lutero, y a los jansenistas del siglo siguiente. Él inspira la larga tradición pedagógica que le otorga al conocimiento el papel de  despertador de las verdades de la Sabiduría Eterna.


Entre sus obras principales, un Tratado sobre la virginidad que defiende la virginidad perpetua de María


En el capítulo 4 del Tratado titulado “El voto de virginidad de María”, declara: “Lo que realza el mérito de la virginidad de María no es que Jesucristo al encarnarse en ella se haya convertido en su guardián antes de todo contacto con su esposo, sino que su virginidad ella ya la había consagrado a Dos antes que el Salvador la hubiese escogido para hacerla su Madre.”


La obra de Agustín  es inmensa, escribió cartas, tratados y  sermones para defender su concepción del cristianismo:

 

  • Las Confesiones cuentan su juventud y su conversión.
  • La Ciudad de Dios (De Doctrina cristiana) es su texto fundamental, define durante mucho tiempo las exigencias y los límites de una cultura cristiana: esta obra justifica el cristianismo en la historia y por la historia. La Ciudad de Dios es la comunidad universal de los virtuosos, donde reside Dios, sus ángeles y todos los santos, como los hombres integrados al reino: «los dos caminos opuestos seguidos por la humanidad desde sus orígenes, el del hijo de la carne y del hijo de la promesa». Todo  termina en la perfección, la glorificación y la apoteosis de la ciudad de Dios, que no pertenece a este mundo.
  • 113 tratados sobre todos los dominios (sobre la música, por ejemplo).
  • Unas 218 cartas (correspondencia con obispos, laicos, ministros, emperadores).
  • Cerca de 500 sermones y pequeños tratados de teología moral: Sobre la mentira, el ayuno, el culto a los muertos, etc.
  • Numerosos comentarios a las Escrituras (se han encontrado comentarios a 42 816 versículos).
  • Diálogos sobre la filosofía de Platón. Ensayos sobre la religión romana antigua.

 

San Agustín fue proclamado a la vez  Padre y Doctor de la Iglesia.