San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas (1491-1556)

San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas (1491-1556)

 Fundador de la Compañía de Jesús, San Ignacio nació en el castillo de Loyola, en España. Comenzó siendo paje del rey Fernando V; luego abrazó la carrera de las armas. Era más valiente que nadie y vivía sin prestar atención a la vida espiritual, conducido únicamente por su orgullo y su amor a los placeres.

De este caballero mundano, Dios haría uno de los primeros caballeros cristianos de todos los tiempos

En el sitio de Pamplona, una bala de cañón le hirió en la pierna derecha al joven oficial. En pocos días su salud se quebrantó al punto que recibió los sacramentos que se administran “in extremis”.  Quedó inmediatamente dormido y tuvo un sueño: vio a San Pedro que al tocarle la herida  le devolvía la salud. Al despertar, ya estaba fuera de peligro, casi curado. Pidió algunos libros para leer en su convalescencia y  Le llevaron una Vida de Jesús y de los Santos, que leyó sin demasiada atención pero con profunda emoción.

 

Así comienza en su interior un combate importante en el que la gracia finalmente se impone y, como los hombres de valor no hacen nada mediocre, él se transforma – en su resolución  - en un gran santo ese mismo día.

 

Comienza a tratar su cuerpo con gran rigor; se levanta por las noches para llorar sus pecados. Una noche se consagra a Jesucristo por intercesión de la Virgen María, refugio de los pecadores. Le jura fidelidad inviolable.

María se le aparece una noche y le confirma su conversión

En otra oportunidad María se le aparece  rodeada de Luz  cargando al Niño Jesús en sus brazos. Poco después Ignacio hace una confesión general. Luego, según las costumbres de los caballeros de su época, se realiza una vigilia de armas en el altar de Nuestra Señora de Monserrat.

 

Inmediatamente Ignacio se retira a Manresa para comenzar una vida de austeridad que solamente iguala a los más célebres anacoretas: viviendo de limosna, ayunando a pan y agua, llevando el silicio permanecía diariamente siete u ocho horas arrodillado en oración. El demonio en vano realizó esfuerzos asombrosos para amilanarlo. Es en esa soledad que escribe uno de los libros más sublimes que la mano del hombre haya escrito: los “Ejercicios Espirituales.”

 

Dejemos de lado su peregrinación por Tierra Santa y diferentes hechos maravillosos de su vida, para recordar lo que es mucho más importante, la fundación de la Compañía de Jesús (1534) que se podría llamar la caballería de Cristo y la gran vía de la Cristiandad. Esta fundación es seguramente una de las más grandes glorias de la Iglesia Católica: Ciencias profanas y Ciencias Sagradas, enseñanza, apostolado, nada debía ser extraño a la Compañía de Ignacio:”Ad Majorem Dei Gloriam “ . “ A la Mayor Gloria de Dios”.

 

(Vida de Santos para todos los días del año, Tours, Marne, 1950) Abbe Jaud