Japón

Hoy el Japón cuenta con 452,000 católicos entre una población de 128 millones de habitantes.

La primera evangelización del Japón

Francisco Xavier, uno de los siete primeros miembros de la compañía de Jesús, llega al Japón en 1549 y se queda ahí dos años, justo el tiempo necesario para propagar la palabra de Dios. Algunas décadas más tarde, la Iglesia católica se vuelve una fuerza en el país, con 15.000 fieles entre una población de aproximadamente 20 millones, y el apoyo poderoso de Oda Nobunaga, primer « unificador » del país; pero el sucesor de Nobunaga expulsa a los misioneros y organiza una persecución. En 1614 el cristianismo sería totalmente prohibido. Los japoneses fueron invitados a vigilar y denunciar a sus vecinos... Poco tiempo después ya no había sacerdotes que pudieran explicar el significado de las oraciones (entonces en su mayor parte en latín). En medio de estas adversidades algunas familias trasmitían la fe, o al menos ciertos aspectos de la fe cristiana, transformando un poco sus contenidos. Un día la sorpresa fue total: esos cristianos escondidos encontraron unos sacerdotes católicos.

Los cristianos escondidos salen de la sombra

A mediados del siglo XIX, el Japón pone fin a su política de aislamiento, y algunos sacerdotes de las misiones extranjeras de París llegan a Nagasaki para servir a la comunidad extranjera. El 12 de abril de 1865, varios japoneses visitan a los sacerdotes, y a pesar de lo extraño que les parecen los extranjeros a los Orientales, encuentran en ellos algo de familiar. Les hacen preguntas sobre la Virgen, sobre el celibato de los sacerdotes, sobre el Papa. Las respuestas les confirman lo que ya sospechaban y les revelan su secreto: eran cristianos. Poco a poco otros japoneses manifiestan su fe. Esta revelación resulta terrible para el gobierno nipón. Los dirigentes tiemblan. La persecución recomienza en 1870; hasta que las potencias occidentales intervienen a fin de hacerles comprender que un país que pretende situarse entre los grandes de este mundo no puede permitirse perseguir a los cristianos. A partir de esa fecha, en 1889, se aprueba la libertad religiosa.

Estos cristianos ocultos, libres por primera vez desde hacía siglos, se encuentran frente a un dilema. Descubren que su fe y sus ritos se parecen poco a los de la Iglesia Católica. Algunos aceptan, sin embargo, dejarse guiar por ella. Qué ejemplo de fe y de humildad!

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*Texto de Denis Gira, El largo camino de la fe de los católicos de Japón, en la revista « Panorama », enero, 2008, p. 49-52