SUECIA

El cristianismo entra en Suecia con el benedictino San Anscaro, en el año 830. Después del bautismo del rey Olaf Skötkonung (1008), la actividad misionera se desarrolla ampliamente.

En el siglo XI, el Ave María era la oración favorita de la gente y de los monjes. Era rezada con el Padrenuestro y el Credo en cada sermón y estaba grabada en las lápidas [1] y en las campanas de las iglesias.

La Asunción fue la primera fiesta nacional en Suecia.

Existía una costumbre muy significativa  sobre el lugar que ocupaba María: la novia, el día de la boda, llevaba en la cabeza la corona de la estatua de María venerada en la parroquia.

En Vadstena, Brigitte (1303-1373) fundó una orden masculina y una orden femenina, que Jesús, de acuerdo con las "Revelaciones", había llamado "el monasterio de mi madre" [2] y pronto se convirtió en un santuario mariano de intensa proyección.

El rey Gustavo I Vasa (1495-1560) introdujo el protestantismo en Suecia. Pero hubo que esperar el edicto de tolerancia de Gustavo I para que  los católicos obtuvieran en 1781 la libertad de culto. 

Algunos escritores románticos como Verner Von Heidenstam (1859-1940), afirmando la importancia de la tradición del pueblo, supieron recuperar el patrimonio religioso de la Edad Media y el culto mariano, con su carga emocional, artística y literaria.

En el siglo XX, los conventos de Estocolmo y Vadstena se convirtieron en centros ecuménicos de importancia nacional.

Actualmente, Suecia no tiene santuarios marianos, sino algunas peregrinaciones locales.

La iglesia Oskarstrom, construida en 1910 por inmigrantes polacos, acoge cada año el primer domingo de mayo, a casi todos los católicos de la nación,  alrededor de 28.000, encabezados por su obispo.

Para la festividad de la Asunción, los católicos de todas las parroquias de Estocolmo van cada año a Djursholm, donde las hermanas de la orden de Brigitte, haciendo una procesión solemne  y la celebración litúrgica frente a una gruta de Lourdes.

Después de 1952, muchas de las estatuas de María fueron reinstaladas en las iglesias luteranas, los fieles las veneran poniéndoles flores y velas, y los pastores participan en la predicación.
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[1] También se escribían simples invocaciones marianas como: "Que Dios y la Madre de Dios ayuden a su espíritu; Que Dios ayude a su espíritu y su alma. Que la Madre de Dios lo ayude más de lo que se merece.”


[2] Brigitte, Revelaciones (X, 4)

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Attilio GALLI, Madre della Chiesa dei Cinque continenti, Ed. Segno, Udine, 1997, p. 315-347